
No señor, no es por vicio.
Fumar en soledad busca reprimir las lágrimas. Ahumar la rabia. Hacerla ceniza. Es encontrar, entre la nebulosa cancerígena, alguna que otra respuesta.
Sola, sola, sólo con el pedazo de muerte entre los dedos. Muerte que sirve para elegir entre la inercia cotidiana y la vida simple, vivida.
Un cigarro. Un cigarro rotundo, febril, y capitalista. Es inhalar la crueldad que es propia de la vida, para querer cambiarla.
Es comparable a una ventana. A una vía de escape. Usted ve el cigarro, lo compra,-peca y paga-, lo saca, aparece en sus manos como una oportunidad de asomarse a la realidad. Encenderlo es sacar el pestillo. Usted la abre en el instante que hace lo amargo entrar por su esófago, es quemarse la garganta para callar las palabras innecesarias cuando ya no sirve hablar.
Es inspirar nicotina entre tanta mierda, como un cedazo, un puente, una ilusión, una droga, un olvido.
Un vicio social, no señor. Es una inyección de veneno, adormecerse a dosis individual. Tuya, propia. Ése es un cigarro bien fumado.
Apedréeme usted sino ha sentido ganas de putear el mundo, de abandonarlo todo, de quemar su existencia y de abandonar la mierda.
No me culpe a mí de contaminación a la naturaleza, si por naturaleza somos desquiciados. Mire que un avión rompe la capa de ozono en un sólo viaje, más que todos los cigarros que la sociedad entera expira al cielo.
No me culpe usted, de querer rasguñar mis pulmones, es que prefiero pellizcarme las entrañas antes que andar por la calle a empujones irritables con la vida.
Me gusta el cigarro febril. La oportunidad de ver por la ventana. De cuestionarse el tiempo de este mundo que atenta con mi vida, más que eso de la salud. Después de todo para que queremos vivir tan light , si la vida se es.fuma en un segundo.
Y a cada segundo que inhalo me acorto el sufrimiento, e inspiro algunas razones coherentes y amargas.
