
Que en mis cajones prohibidos,
Parcho tu imagen a disculpas grotescas,
Y aquellas promesas eternas
Enfrasco, taciturna,
en tarritos cuantificables-
De apenas una medida-
Que oculto en el fondo
de las aristas de amnesia
para sosegar mi expresión encogida
En este otoño de piernas largas
Que amenaza de pronto
estallar desde la ventana
a plagar mi pieza de hojas
matizadas de tu ausencia.
Así es la cu’stión-me dicen
Y acabo por convencerme que
la vida es así,
la vida es ahora,
la vida urge,
y la razón
no importa,
Y me levanto,
como perra coja
A medias con el mundo,
A voz apagada,
a risas deshechas,
y me prometo,
de nuevo, enterrarte,
Como hembra porfiada
A tropezones con los recuerdos,
Las canciones, los olores de
un nosotros tan irónico.
Y choco con la pared
De este machote tan renovado
en la ventana, pierna arriba
Desconociéndome
Me avergüenzo de este bosquejo
Que teñimos apenas entre ellos,
Simulando,
Haciéndonos los desconocidos,
Extraños extraños se extrañan
Se extrañan, solos
Extraños, ahora
Simulan simular olvido
para que sea evidente
Para que no se derrita
el orgullo
De la hazaña
De parecer dos
imperfectos desconocidos
Que añoran el momento aquel
Donde una cachetada de memoria
Haga remecer, sacudir,
Olvidar,
La decisión tormentosa,
Inaugurada hace cuatro soles,
En esa tarde calurosa de febrero
En que me prometí, no esperarte
Mientras el sol bajaba,
busqué razones para no necesitar,
y encontré miedos disfónicos,
y tu llanto otra vez entre mis piernas
Murmurándome mil excusas,
a golpe de besos,
a desgarradas caricias,
que el calor guardó en su memoria,
mientras desahuciábamos nuestro amor
y acabamos con nosotros
en este mismo rincón,
que visito cada noche,
cuando la suavidad de las sábanas
se resbala a mis sueños,
y las sombras a contraluz,
atraviesan mi respiración a llamaradas
y te mezclas tu,
son tus manos exaltadas
entibiando mi delirio,
mis tetas ariscas, frías
la ráfaga de viento
de la ventana abierta
me obliga despertar
decorar la escena perfecta,
enmarcada en rojo
con pistas de mi cuerpo infantil,
retratando al hombre que no llega,
y que no sabe como mandar,
en un barco gigante,
un elefante aturdido,
para escaparnos de nuevo
y romper la tregua
de un solo estampido sentimental
para escapar
y alejarnos,
de los días cortos,
y amarillentos,
e improvisar una razón
para mentirnos de nuevo
y caminar trizando las hojas a risotadas,
e inventarnos-
dos monstruos amargos-
un dulce otoño a espasmos de besos.
2004*
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