viernes, 2 de abril de 2010

Lección 4

Lo infame de la última despedida
se mete como astilla debajo de mis uñas.

Nos dimos vuelta a mirarnos.
En un acto de súplica incontenible.

Sonreímos hacia un lado
con la boca triste
lamentando mirar hacia atrás
al mismo tiempo,
plagiando la escena de Joe Black
como si coincidir fuera una señal.

Lamentando también
revivir una tradición
enterrada junto a Emilia.

Podríamos haber elegido
seguir con la vista al frente,
satisfechos de dejarnos.

Soy una mala aprendiz.
Me di vuelta,
olvidando mis 4 lecciones anteriores,
esperando que tú me miraras como siempre
y me tiraras el último beso
y en su lugar quedó apenas una mueca:
ya no podías. Y yo tampoco.
Sabemos las razones (revisar lecciones 1 y 2).

Cuando el acuerdo se establece en desacuerdo
y se resuelve el fallo,
las armaduras se levantan.

Usted no puede osar mirar
ni de reojo la boca
del contrincante.

Debe seguir las reglas,
y no apreciar ni los lunares preferidos,
ni el tinte único de la voz.
Sobretodo mantener distancia,
desinterés, y olvido.

Se saluda sólo por efectos de formalidad.
Tiene que mirar al suelo
como si las manos de su alteridad
nunca hubieran asfixiado su cintura.

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