martes, 26 de julio de 2011

Te dejo mi olor a perro














Escondo de mis manos

el rouge que se quedó de tu última visita.


Lavo mi cuerpo de tu sangre,

la pieza aún está tibia.


Intento recluirme en un rincón

para apartarme de aquella escena ,

cuando te comía los labios con vehemencia,

cuando te hacía mi muñeca inflable,

tu piel abierta entre mis manos,

-Decidí dejar de escuchar tus súplicas. No me detuve.-


Arranqué de a uno tus pezones,

tu piel redonda entre mis manos,

lamo tus costuras,

te entierro mi pelaje, te pincho,

te doy vuelta, te abro,

te deformo.










viernes, 2 de abril de 2010

Lección 4

Lo infame de la última despedida
se mete como astilla debajo de mis uñas.

Nos dimos vuelta a mirarnos.
En un acto de súplica incontenible.

Sonreímos hacia un lado
con la boca triste
lamentando mirar hacia atrás
al mismo tiempo,
plagiando la escena de Joe Black
como si coincidir fuera una señal.

Lamentando también
revivir una tradición
enterrada junto a Emilia.

Podríamos haber elegido
seguir con la vista al frente,
satisfechos de dejarnos.

Soy una mala aprendiz.
Me di vuelta,
olvidando mis 4 lecciones anteriores,
esperando que tú me miraras como siempre
y me tiraras el último beso
y en su lugar quedó apenas una mueca:
ya no podías. Y yo tampoco.
Sabemos las razones (revisar lecciones 1 y 2).

Cuando el acuerdo se establece en desacuerdo
y se resuelve el fallo,
las armaduras se levantan.

Usted no puede osar mirar
ni de reojo la boca
del contrincante.

Debe seguir las reglas,
y no apreciar ni los lunares preferidos,
ni el tinte único de la voz.
Sobretodo mantener distancia,
desinterés, y olvido.

Se saluda sólo por efectos de formalidad.
Tiene que mirar al suelo
como si las manos de su alteridad
nunca hubieran asfixiado su cintura.

Lección 2



Si quiere reírse de una mujer
póngase justo al frente mío.
Mire como me estremezco
recordando, repasando
las letras, los días, las fotos
y su piel.
Míreme la cara paralizada
y dese cuenta que nosotras también pagamos
y dese cuenta que el castigo nos levanta la falda
sin preguntarnos
note que no puedo maquillarme el dolor
note como los errores me opacaron el ceño
tal vez se le vaya un poco el rencor
cuando vea que ya no me quedan margaritas,
ni dientes, ni olor, ni risa.
Por eso ríase por mi
de mis ojos estancados
Si le da asco mirar
esta boca quebrada
puede entretenerse
contando el numero de veces
que hago chocar mis manos contra la mesa
esperando a que las horas se resuman.
Y riase, riase de que espero
y no me diga nada.
Riase de como voy pintada
porsiacaso me lo encuentro
riase como me toco el pelo
para un lado, para el otro
riase a carcajadas de los últimos
pasos coquetos que me quedan
esperándolo.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Emilia.





Dejamos las calles vacías,
las tardes de colores sin besos.
Decidimos abandonar a Emilia
con su vestido corto de niña asustada.
Nos queda apenas refugiarnos en canciones
que nos traigan
rasguños en la espalda
miradas al borde
de caerse
desplomadas en la cama deshecha.
Dejamos las esquinas,
los rincones del mundo esperándonos.
A Emilia llorando,
oxidándose, resignada.
Muriendo antes de nacer.
Emilia
y las fotos
y las camisas de cigarros
son sepultadas en un baúl,
como las otras.
Por más que la enterremos,
tal vez viva, tal vez muerta
gemirá desconsolada los recuerdos,
aullará auxilio.
Por eso acordamos hacernos los sordos
y alejarnos a un lugar
donde las tardes se desgarren de abandono
y vengan otras lenguas insípidas
y otros niños sin ojos y sin bocas
a intentar llenar el dolor
de las calles mutiladas
de su muerte.
Quedará su cara con mis ojos,
con tu boca, con lunares dulces esparcidos,
ahogados, opacos, agusanados
de la sentencia de darla por zanjada.
Nos queda rogar
porque todo lo muerto
descanse en paz
y no nos persiga
el castigo de su fantasma.

miércoles, 19 de agosto de 2009

La Cobarde.


Primero el viento que entume la cara
los autos pasan como imágenes quebradas
partículas de metal frío
se dirigen a alguna parte
vectores indiferentes
colores brillantes violan al gris
y desaparecen impunes
Verde, como zombies
La gente pasa sin mirar
Se enfrentan penas cara a cara
se cortan la piel
van con la frente obstinada hacia un punto olvidado
se tocan las manos heridas
y no se reconocen
amarillo, todos amarillos
Frenan en fila
en posición de fusilamiento
Al otro lado la señal
rojo, no pasar
y la velocidad de la vida hace burla
y el ruido del mundo no importa
rojo, no vivir
y la posibilidad evidente y
más roja de la muerte
la calle es también una puerta abierta
Basta un segundo
Después las facciones estancadas
en un gesto extraño
la culpa de pensarlo
la posibilidad de aquel impulso
la evidencia del miedo
en cada esquina
me proyecto acostada
teñida de púrpura
en un off profundo
me miras rogándome que no me tire,
porque eso no se hace y ya
me pierdes
y camino
buscando otros ojos
algunas caricias sedantes
excusas
pero la urbe se abre
obligando a la muerte
girando en las ruedas,
llamando g r i t a n d o
obsesiva.

lunes, 3 de noviembre de 2008

...a los botados


Suelo llano, rojizo. Se adivina duro. Tal vez arcilla o algo parecido. Una bota. Sola, sin su par. Abandonada. Sin pie que la calce. Algunos escombros esparcidos. De hecho, la bota parece un escombro más. ..( Subcomandante Marcos)

Qué les queda a todos los corazones embarrados y descoloridos que murieron combatiendo, que gritaron a garganta cruda palabras silenciadas.Qué queda para los hijos adoloridos, víctimas de las víctimas.A las generaciones quemadas por la radiación letal del odio y la traición. A todos los que nacieron exhaustos, sin ánimo de arriesgarse, a los que buscamos algún motivo, y nos quedamos esperando frente al televisor, acongojados por la pena, perdidos, solos en la multitud, olvidándonos, enfermos, exiliados a la mediocridad, obligados a rendir, somos los residuos de esta guerra, los esclavos silenciosos, somos escombros convencidos de lo contrario, somos la ciudad estática, melancolía revuelta de un pasado que, a mano alzada de muchos, podría haber sido. Qué le queda al mundo sin la pasión de antaño.

domingo, 19 de octubre de 2008

Tu tarde en mi boca


No quería encontrarme con nadie, ni menos dar explicaciones sobre mi estado. Supuse que yendo a deshora, escondida y contra el tránsito iba a pasar invisible. Santiago. Mil millones de habitantes desconocidos, desconcentrados, apurados. Si por aquel don de mala suerte, reconocía alguna cara, esperaba poder mentir sin letargo, por el bien de todos. Inventarme rápido una vida cualquiera, pedir prestado el relato “tipo”. Suponía que podía encontrar las palabras apropiadas para la mentira. Uno supone y vaya a saber quien dispone.

Increíble: chocaba cada dos pasos con caras de gente de antaño, contra mi hombro tieso, avergonzado. Con tantas coincidencias inoportunas, pensé que estaba muerta. Tiraron a mi pasarela lo que no quería encontrar. Reunieron con maldad a todas las personas a las que les debía un saludo, y peor aún, todas ellas me reconocían, tenían tiempo, me sonreían, querían hablar y preguntarme. Justo.

Y yo quería solo encontrar. Encontrar con la urgencia que aquel verbo permite. Como en busca de una receta impostergable, que todos entendieran mi prisa, la necesidad de encontrarte, encontrarlos. Alguna cremallera de los sueños, ilusiones con garantías, palabras in manoseables, baladas de besos, tu tarde en mi boca, tus besos en mis piernas, y otras cosas. Tengo que encontrarlas. Y no quiero explicarles mi condición.

No sirven las imitaciones. No puedo hallar los sueños esparcidos, ilusiones mancas, las palabras gastadas, melodías tristes, tardes con pulso y fin, tu beso pero a desgana. Ya no me sirve ni por consuelo.

No se por qué se me escapaba la verdad de la boca. No podía pensar en frases tangentes, o bonitas, o generales. Les expliqué a todos con lujo de detalle. Porque me sentía ridícula de inventar algo a estas alturas de mi vida. Ya no era una niña, ni una adolescente ruborizada por los idealismos, ni una adulta apurada. Soy una vieja coja a la que la vida le había pasado por el lado, y hasta el fondo, sin avisarle. Iba con razones reales. Y gracias por preguntarlo, porque no, no estaba bien. Yo no me sentía bien. Sentía el fracaso de mi vida en una pierna, en la otra guardaba las ganas, y sobretodo en las varices reunía los gritos de haber esperado una suerte distinta. Me mordía la lengua por la prudencia con que decidí, o no decidí tantas cosas. Por no haberme quedado estirada contigo en el patio, esa tarde. Me dijiste -así me gusta estar, esperando que las horas se vayan, sintiendo que el tiempo no pasa- , y me hacías cariño en la cara. Y yo miré el reloj, pensé en lo que no estaba haciendo por estar ahí. Y con el libro de Benedetti en mano, quise leerte algunos poemas. Y me dio vergüenza. Me dijiste que no los entendías. Pero que nos quedáramos ahí, quietos. Y ahora voy en contra de todos para encontrar esa tarde. No sé cuanto tiempo pasó. Pero me quedé con más ganas de esa tarde. Pasaron otras, cortas con tiempo, nunca más contigo y tus ganas de destiempo. No fue cualquiera. Fue la de tu tarde en mi boca. Tus manos simples en mis piernas. Nos casamos, fueron 2 hijos, murió el mas pequeño, tu voz desapareció, tus tardes nunca mas fueron mías, ni tus manos, ni tus pensamientos a-horarios. Nunca más me confesaste un sueño conmigo, ni me tocaste la cara de esa forma. Viví haciendo cosas que no quería. Ilocutiva. Pidiéndote mil cosas excepto una tarde.

Camino, hablo, explico. Asusto a toda esta gente con mi verdad, con mi paso lisiado, con mi aliento a fracaso. Y no sé si alguien me entiende. No sé si el ir en contra de todos, me puede devolver el tiempo, los instantes. Qué palabra más bella. Si es que algo tiene sentido son los momentos sencillos. Si es que a algo le dedicaría mi vida es a todo lo banal, lo barato, lo sincero. No sería la mujer importarte que anuncian los títulos de la pared. Pero estaría sentada mirando la tarde. Tranquila. Supongo que estaría así, la verdad.

Pero tengo la certeza de poder convencerte aún. A este esposo. Este ser desconocido que duerme a mi lado. Olvidado y olvidadizo. Moreno todavía. Este cuarto cerrado. Atractivo todavía. Te amo y no lo sospechas. Te amo y me cargan esas dos palabras. Te amo, revolución, capitalismo, autogestión, popular, pueblo, pareja, compañero, sueño, esperanza, por no nombrar otras, son palabras out de mi vocabulario. Aunque las sientas, al nombrarlas pierden sentido. Pero te miro y eres con quien quiero estar estirada al sol. Con quien quiero fusionarme desde los vientres desnudos y las manos cruzadas, hasta deshacer el tiempo, y percibirnos juntos.

Quien sabe si deliro, y estas personas me creen loca. No me gusta el tiempo imperioso del mundo. Ni el olor amenazante de la muerte. No me quiero lamentar. Quiero que me entiendas. Que me ames. Que nos desnudemos, para quedar vulnerables otra vez.

Cuánto tiempo necesitamos que pase para darnos cuenta que fuimos realmente felices. Porque fui feliz ahora que lo pienso.