
Tu marido está celoso. Por eso nos acusa de pervertidas, inmorales y transgresoras de libertad. Dime, dime cómo llegó a enterarse de lo que hacemos. O mejor respóndetelo tú. Y, de paso cómetelo tú (que le hace falta). Nos palabreó la otra noche, y no vengas a defenderlo a mi puerta, porque no lo conoces. No llores, delante de mío. Pasa. Tranquila. Te guste o no, hacemos el trabajo sucio, que algunas no quieren hacer. La demanda es alta, y no necesitas más capital que tú misma. No involucras tanto. No se trata de eso. Si, te dije que no lo conoces, pero tal vez tampoco sea tu culpa. No llores, toma papel. Vota esas firmas que llevas en la carpeta, y vente a vivir acá, si estás tan complicada. Los vecinos qué importan ahora. Ni con todas las pancartas nos iban a echar de la casa.
Esta comuna no es sólo para personas decentes. También para las vulgares, a nosotras nos alcanza con meternos en la noche, construir algunos sueños mal hechos a cosa de los nuestros. Vente y vota las firmas. Déjalas nulas. Anula. Aquí te enseñamos ah, ¿Sobre qué?
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